El segundo mayor exportador de bienes del mundo, solo por detrás de China, ha reforzado su compromiso con el turismo gracias a ciudades como Berlín o Dresde.

Hace tiempo que la vida se convirtió en un proceso riguroso de toma de decisiones. Elegimos nuestros propios gobernantes, nuestros gustos, apetencias, elegimos aquello que es elegible y que puede ser elegido. Gobernamos nuestro propio destino y establecemos el futuro que seguiremos por tiempo indefinido. Pero elegir nunca fue fácil. Alemania es un buen ejemplo de alternativas, de dilemas, de preferencias, de problemas y al mismo tiempo de elecciones bien encaminadas.

La locomotora de la Unión Europea transportaba carbón fétido y negruzco hace medio siglo y hoy es considerada la cuarta potencia económica del mundo y la primera del viejo continente. Epicentro de uno de los episodios más sangrientos de la historia, marcada más tarde por la pugna entre capitalismo y comunismo, ha superado, enterrado y perdonado un pasado innegable en un ejemplo extraordinario de prudencia, juicio y sensatez. Y todo sin olvidar que su historia no se escribe en los años cuarenta del siglo pasado. Su riqueza, por el contrario, va más allá de la enajenación desorbitada de unos cuantos.

Estas razones históricas han sometido al país a un proceso de reconstrucción psicológica y material. Alemania es un territorio de nueva planta donde la crónica permanece pero no así sus protagonistas. Plazas, edificios, palacios, monumentos o meras viviendas tienen poco más de medio siglo de antigüedad.

El viajero ha de evitar que su experiencia quede limitada a ciudades de importancia extraordinaria como Berlín.

El viajero que busca conocer países como éste ha de evitar que su experiencia quede limitada a ciudades de importancia extraordinaria como Berlín. La historia, la cultura, la herencia recibida y esa capacidad de reconversión es la suma de esfuerzos de 16 estados –Länder, Bundesländer– subdivididos en 439 distritos y ciudades. Splus Magazine ofrece una detallada guía de tu próximo viaje que comenzará en el noroeste, cruzará por el este cerca de las fronteras con la República Checa y Polonia y acabará en una de las ciudades más relevantes en el ámbito empresarial europeo. Ocho días, algo de dinero y un buen libro, requisitos imprescindibles para esta aventura.

Hamburgo

Hamburgo

Días 1 y 2, Hamburgo. Dicen los propios oriundos de la zona que Hamburgo es la ciudad-estado de Alemania donde, junto a Baviera, se fabrica el dinero que circula por toda la República Federal. Tiene la tasa de empleo más alta del país –88%– y es sede de más de 120.000 empresas. Pese a ser devastada hasta en un 70% durante la guerra y estar situada muy cerca del llamado telón de acero, durante la década de los 90, con la reunificación alemana, Hamburgo recuperó la prolifera actividad que convierte a su puerto marítimo en el segundo con más tráfico de Europa, solo detrás de Rotterdam, y noveno en la escala mundial. Más de 40 teatros, 60 museos y 100 clubes de música hacen de esta una urbe vanguardista que alberga el singular barrio rojo de Sankt Pauli.

Al puerto y el ayuntamiento hay que añadir los canales –muchos de los cuales son navegables– que pasan por más de 2.300 puentes, más que la suma de los que hay en Amsterdam y Venecia. La Iglesia de San Miguel, punto de partida para millones de peregrinos, el templo de San Nicolas, que fue el edificio más alto del mundo entre 1874 y 1876 o el monumento a Otto von Bismarck completarán esta apasionante primera estación.

Días 2, 3 y 4, Berlín. Es la ciudad más grande de Alemania y prácticamente nada de lo que esta guía pueda contar les resultará novedoso y original. Berlín esconde una parte artística y creativa que la convierte en destino prioritario de artistas, compositores y pensadores. El Muro, la puerta de Brandeburgo o el Reichtag son solo los principales atractivos de una ciudad cosmopolita, sofisticada y universal con casi 3.4 millones de habitantes, de los cuales el 10% son inmigrantes, de ahí el mestizaje cultural que la identifica.

Berlín

Berlín

Históricamente Berlín ha sido el corazón de los acontecimientos que ya forman parte de los hechos más relevantes del siglo XX, si bien el arte moderno se ha convertido en las últimas décadas en el eje vertebrador de la zona. Casi 400 museos y pinacotecas permiten al visitante perderse en la magia de una metrópoli que ha hecho de lo caótico una forma de vida. A diferencia de Hamburgo, Berlín carece de industria sofisticada y las grandes empresas no disponen de oficinas centrales aquí. El Muro y las políticas adoptadas durante tres décadas tienen mucho que ver en esto. Alexanderplatz, donde el antiguo gobierno comunista construyó la torre de la televisión como símbolo de fortaleza y solidez frente al capitalismo vecino o la Isla de los museos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco son dos visitas obligadas durante el periplo berlinés. Además, cerca de los museos se sitúa el parque Tiergarten que oxigena el tráfico diario y sirve como lugar de encuentro para jóvenes y no tan jóvenes gracias a sus más de 210 hectáreas de arboleda y zonas verdes.

Días 5-6, Dresde. Muchos de los lectores habrán identificado el nombre de la tercera ciudad de esta ruta. Dresde fue víctima de uno de los sucesos más encarnizados de la Segunda Guerra Mundial. El bombardeo llevado a cabo por las fuerzas británicas y estadounidenses en febrero de 1945 dejó un balance de más de 250.000 muertos y un pueblo completamente en ruinas.

Con medio millón de habitantes, Dresde es la capital del estado de Sajonia y acumula una larga tradición Protestante. La iglesia de Frauenkirche o Nuestra Señora es uno de los símbolos del luteranismo y uno de los edificios de piedra arenisca más altos del planeta. Completamente destruida durante el conflicto internacional, el templo fue reabierto en 2005 con un propósito exclusivo. Reaparecía después de cincuenta años para pasar de ser monumento de la Guerra a símbolo de la reconciliación.

La iglesia de Frauenkirche o Nuestra Señora es uno de los símbolos del luteranismo y uno de los edificios de piedra arenisca más altos del planeta.

La galería de los antiguos y nuevos maestros, la orquesta estatal de Sajonia, el teatro Semperoper o la ribera del río Elba completarán la estancia de dos días y prepararán al viajero para la última parada, Munich.

Días 6,7 y 8, Munich. Esta urbe transmite la singularidad de una ciudad ordenada, metódica y estructural, un lugar donde los niveles de tráfico diario son relativamente bajos, dotada con numerosas zonas verdes y con un trazado recto que facilita el uso de bicicletas. Es, junto a Hamburgo, la sede de las grandes entidades financieras de Alemania. Firmas de reconocido prestigio como la automovilística BMV establecieron su base operativa en la capital del estado de Baviera. Después de Berlín y Hamburgo es la tercera urbe más poblada con 1,3 millones de habitantes. Munich fue sede de los controvertidos Juegos Olímpicos de 1972 en los que 11 miembros del equipo olímpico israelí así como entrenadores y un miembro de la policía de la Alemania Occidental fueron asesinados en un atentado terrorista.

Munich

Munich

El nuevo ayuntamiento, la iglesia de Nuestra Señora, el Palacio Real, el Teatro Nacional y por supuesto el complejo olímpico son algunas de las visitas irrenunciables en Munchen. El enfoque cultural puede completarse con una refrescante bebida en Staatliches Hofbräuhaus, la cervecería más conocida de Baviera y una de las más populares de Alemania cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVI. Precisamente este templo de la cerveza vive su máximo apogeo cada año durante la celebración del Oktoberfest, fiesta en honor al producto germano por antonomasia y que reúne a 6 millones de personas capaces de ingerir hasta 7 millones de litros en dos semanas.

El enfoque cultural puede completarse con una refrescante bebida en Staatliches Hofbräuhaus, la cervecería más conocida de Baviera y una de las más populares de Alemania.

Esta forma de recorrer y conocer Alemania constituye una de las infinitas posibilidades que hay en la actualidad. El objetivo de Splus Magazine no es otro que transmitir al viajero el doble objetivo de alcanzar una noción avanzada de la historia sin olvidar la evolución gloriosa llevada a cabo por los germanos en tan solo medio siglo.

En uno de esos libros que podría acompañarle en este viaje –Mil soles espléndidos– reza una frase cargada de razón: “Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros”. Pasada la niebla Alemania aprendió a valorar su propia luz, sus propias lunas, sus propios soles. El resultado es encomiable.