Maduros o niñatos, con tupé o sin él, tienen reputación para hacer lo que les dé la gana. En  este caso, nuevo disco: ‘AM’. Así son Artic Monkeys, la banda del siglo XXI.

El caso de los Arctic Monkeys es curioso. Es uno de esos pocos grupos declaradamente indie que inspiran un respeto bastante considerable incluso a aquellos a los que no podemos evitar sonrojarnos con el postureo reinante en la inmensa mayoría de bandas adscritas al género. Gafas de sol, tupés, barbas caóticas, sombreritos… Suficiente para llenar de niñas un concierto de Jet pero no para satisfacer a los más sibaritas del rock and roll actual –si es que eso existe, aunque eso es otra cuestión–. Sin embargo, resulta imposible no descubrirse ante la cruda calidad de los dos –ya clásicos– LP’s Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not o My Favourite Worst Nightmare. Riffs afilados y simples, ritmos bailables y una absurda rabia magistralmente canalizada en forma de puro retro-rock del siglo XXI. Más que suficiente.

Ahora, con la constante promesa de renovación de la que han hecho gala durante sus últimos dos discos –Humbug, en 2009, y Suck It and See, en 2011–, Alex Turner y sus secuaces han decidido que ha llegado la hora de atacar de nuevo. Su nuevo LP, que verá la luz el 9 de septiembre, incluye la siempre presente intención de reinvención que conlleva el uso del nombre de la banda en el título del disco –AM son las siglas de ‘Arctic Monkeys’, para los más despistados–. Un proceso de evolución estilística con el que, por cierto, no ha logrado ilusionar especialmente a un gran sector de fans del grupo, teniendo en cuenta la marcada tendencia hacia el stoner rock que dibujan las nuevas composiciones de Turner, en gran parte debido a la estrecha relación que el inglés ha cultivado con la estrella del rock –ex-Kyuss y líder de los Queens of the Stone Age– Josh Homme.

La llegada de Homme al entorno de los Arctic Monkeys supone un antes y un después en la historia de la banda.

Precisamente, la llegada de Homme al entorno musical y personal de los Arctic Monkeys supone un antes y un después en la historia de la banda. Tras entablar cierta amistad con Turner, la banda decidiría que sería él y no otro quien produciría el controvertido Humbug, muy influenciado por la obra del norteamericano a los mandos de QOTSA, y algo alejado del frenetismo exhibido en sus dos primeros álbumes, como acabaría pasando el siguiente LP, Suck It and See, a pesar de estar producido en su totalidad por el ya habitual James Ford.

Pues bien, parece que la tendencia no va a sufrir grandes cambios. Los dos avances publicados de forma oficial siguen caminando en la misma dirección. Las –oh, no– parecidas R U Mine? y Do I Wanna Know? –Alex, ya te vale, se asemejan hasta en el título–, apuestan por riffs cálidos y lentos y, por supuesto, por el imperecedero toque ‘low-fi’ que inunda toda la obra de los Artic.
¿Algo más que saber? Pues sí. El propio Josh Homme, que casi ha hablado más sobre AM que los propios integrantes de la banda, ha definido el LP como “muy sexy, muy ‘after midnight’, no ‘disco’, pero sí para la pista de baile”. En fin, a riesgo que acabar decepcionados, y aprovechando para hacer referencia a uno de los temas más legendarios del grupo, habrá que sacar los zapatos de baile, ¿no?