Angelina Jolie, cineasta. ¿Qué? Sí. La estrella cinematográfica se crea y se construye para ser icono, mito de referencia y objeto de deseo, dentro y fuera de la pantalla. Así es desde los tiempos de Mary Pickford, Rodolfo Valentino, Greta Garbo y un largo (pero honroso) etcétera en el panteón del estrellato.

El término griego “eikon”, del cual procede la palabra “icono”, se refiere a un signo que sustituye al objeto mediante su significación o representación. Cuando se habla del final de las estrellas cinematográficas y de la aparición en su lugar de los actuales actores y actrices famosos, en lo que se refiere a los cambios en el modo de entender el concepto “eikon”, el asunto es claro en Angelina: una imagen de agraciado físico que adopta las mil máscaras de cada uno de sus personajes para ser admirada dentro y fuera del encuadre. También en esa segunda pantalla que es una alfombra roja. Entonces se convierte en “eidolon”, palabra que pasa por los efectos de ilusión e incluso de la fantasmagoría: ¿hablamos de Angelina Jolie o de “Brangelina” como resultado simbiótico de un ideal cuento de hadas, príncipe azul y princesa casadera?

Angelina es una imagen de agraciado físico que adopta las mil máscaras de cada uno de sus personajes

Sin embargo no son pocos los casos en los que iconos e ídolos buscan una segunda vida, una vida no menos llamativa fuera del encuadre. Detrás de las cámaras, esto es, en el rol de director. Sin pretender pasar por alto las rutilantes carreras de algunos creadores polifacéticos desde Charles Chaplin (que absolutamente todo lo controlaba, incluso la composición de la banda sonora) hasta Clint Eastwood (que este año ha tenido que conformarse con compartir con Meryl Streep un selfie sosteniendo un Oscar de juguete), ¿qué sucede con la mujer en un dispositivo tan eminentemente machista como es el del star system hollywoodiense, en donde parece estar relegada, cuanto menos, a la función de florero en el momento en que termina de actuar o figurar en la pantalla?

Brangelina_900

En la película ‘Los ilusos’ de Jonás Trueba, en un cierto punto, el crítico Perucho pregunta al actor Bruno (Vito Sanz) si, como su amigo León, el protagonista, él es también cineasta. Bruno contesta que no, que él sólo es actor. Entonces Perucho responde: “pues eso, lo que yo decía… cineasta. Creador, como nosotros”. Tomemos las ideas de Perucho como respuesta aceptable y explicativa para el caso del eikon/eidolon “Brangelina”.

Dos son las películas hasta la fecha firmadas por una de las partes, Angelina. La primera de ellas, ‘Invencible’ (‘Unbroken’, 2014), aun inflada a golpe de música épica y postproducción y rodeada de un equipo con innegable pericia técnica, nos deja a la espera de ‘By the sea’ (2015), en donde el tándem Brangelina funciona con él a la producción (“il padrone di casa”), ella a la dirección, y ambos como protagonistas que confirma esta faceta de cineasta del actor en una huída hacia delante del “eikon” y del “eidolon”, ahora en todas las partes y figuras del proceso creativo. Queda por averiguar, a la vista del inminente estreno, si esta dimensión del actor como cineasta traerá consigo un cine de actores, un cine de mañana en donde la interpretación y el virtuosismo en la adopción de las mil máscaras sea el elemento central.

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