Después de interpretar al ex Director General de la Guardia Civil en ‘El hombre de las mil caras’, ya habrá menos gente que le pregunte por su Povedilla de ‘Los hombres de Paco’. Lo vimos en la desaparecida ‘Bienvenidos al Lolita’ y despertó nuestra ternura en ‘El tiempo entre costuras’. Ahora se enfrenta a su primer papel relevante en cine. ¡Vaya papel!

Me documento sobre Luis Roldán. No tanto como este actor murciano que le ha dado vida en la nueva película de Alberto Rodríguez. Tener la suerte de interpretar a un personaje de nuestra historia reciente que “hacía lo que hacía todo el mundo”, poner imagen a su evolución, plasmar los sentimientos de un corrupto… Esa suerte no la tiene todo el mundo. En plena vorágine de promoción, no tenemos tiempo para hablar de sus otros trabajos, sus otras mil caras –las películas ‘Villaviciosa de al lado’, ‘La madriguera’ o las tv-movies ‘22 ángeles’ o ‘Lo que esconden sus ojos’-, pero sí para que nos confiese que ese adolescente que empezó haciendo teatro “no se creería nada de los que me está pasando”.

SP- Después de ver ‘El hombre de las mil caras’, hay una pregunta que no se me va de la cabeza, ¿merece la pena perderlo todo por 1500 millones de pesetas?

CS- Este personaje no se plantea en ningún momento esta pregunta. Cuando lo coge, simplemente lo hace, son tan infames los mecanismos que, como bien dice en la película, “yo sólo hice lo que hacía todo el mundo”. Hoy ha salido una noticia de una secretaria judicial que, durante 13 años, cayó en la “tentación” de robar 1.2 millones de euros. Durante 13 años, cayó en la tentación. Se da por sentado que el personaje cuando coge una comisión, no hace otra cosa que lo que hacía todo el mundo. Cuando se le paga un dinero por ostentar los cargos que ostenta, solo es un suplemento de los fondos reservados por ser Delegado del Gobierno Navarro y por ser Director General de la Guardia Civil. Él lo cuenta así -siempre y cuando esto sea verdad, partimos de lo que él dice-, no hace preguntas, le pasan el sobre, a él y a otros muchos. Creo que en ningún momento se plantea la posibilidad de que le vayan a pillar. Cuando se ve con el agua al cuello, la única salida que ve es la de huir.

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SP- Pero hasta cuando lo ha perdido todo, lo único que le sigue importando es no perder el dinero robado, que no se lo quede Paesa.

CS- Claro, ten en cuenta que es una película de grandes avariciosos. Todos y cada uno de los personajes se mueven básicamente por dinero. Todos y cada uno. Hay un momento muy notable en la película, cuando el personaje de Eduard Fernández, Paesa, llama a su mujer diciéndole que va a volver, que quiere dejarlo todo, que está cansado, que pueden empezar de cero, que tiene mucho dinero… Hay una pausa muy significativa al otro lado de la línea, tras la que ella pregunta, “¿de cuánto dinero estamos hablando?”. El motor que les mueve es el dinero. Viven en las nubes, hay muchísimo cielo en esta película. De hecho, empieza con el aterrizaje de un avión que realmente es un despegue de la historia. Es una forma de contar que estos personajes no viven como tú y yo, sino que juegan en otra liga.

SP- La película presenta la historia de un mentiroso, ¿qué mentirosos te dan más rabia?

CS- El mentiroso que más rabia me da es el que miente sin necesidad, el que va a comprar el pan y dice que va a comprar sal. Creo que el que está acostumbrado a mentir, llega un momento que cae en esa dinámica y miente absolutamente para todo. Y eso llega a ser bastante molesto y da bastante rabia por que no hace falta…

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SP- Comparando la persecución que se le hizo en su día a Luis Roldán con la que se le hace actualmente a nuestros políticos corruptos, ¿crees que nos estamos acostumbrando a que nos roben?

CS- Sí, estamos bastante anestesiados en este sentido. Es cierto que cuando salta este escándalo a la palestra, a los informativos, en el año 1994, nos pilla totalmente de sorpresa, no nos lo podíamos imaginar. Siempre lo comparo con que en la misma época saltó el caso del Dioni, pero él era un señor que conducía un bunker blindado y se lo llevó. Y punto. Este señor era Director General de la Guardia Civil. Recuerdo que tenía quince años y era algo a lo que no daba crédito. El señor que tiene que preocuparse de que estas cosas no ocurran, es el que está al mando y con la connivencia del Secretario de Estado para la Defensa, Rafael Vera. Ellos eran los encargados de que estas cosas no sucediesen. Creo que a partir de ahí, la anestesia general fue creciendo. De hecho, parte de cómo está rodada la película, la ironía que hay, el cinismo con el que se cuenta todo, tiene que ver con esa distancia, al fin y al cabo está contado por uno de esos tramposos, a través de la mirada de Jesús Camoes, la mano derecha de Paesa. Ese sentido del humor bastante negro responde a la necesidad de contar esta historia así. Si fuera un escándalo que hubiera sido el único que hubiera ocurrido en nuestra historia, si fuera un oasis en el desierto, igual hubiera requerido otro tono, más serio…

SP- Como si se hubiese contado en esa época…

CS- Habría sido una película mucho más dura, pero creo que con la distancia y con lo que hemos vivido a partir del año 2008-2010, todos los escándalos que se han ido sucediendo similares a este, requería ese tono un poco irónico. También teniendo en cuenta que la película es una ficción, inspirada en unos hechos reales y muchísimas cosas son verdad.

La parte de ficción que hay en ‘El hombre de las mil caras’ es para darle una coherencia cinematográfica a algo que carece de ella

SP- ¿Qué hay de realidad y qué de ficción en la película?

CS- Leía hace poco una cita, con motivo de la película, que decía John Laguerre, que la diferencia entre la ficción y la realidad es que la ficción necesita ser coherente. En este caso, la realidad era tan rocambolesca, tan absolutamente desquiciante, era tan inimaginable que pudieran suceder las cosas como sucedieron, que en la película necesitas ser más coherente que en la propia realidad. La parte de ficción que pueda haber en la película es para darle una coherencia cinematográfica a algo que a priori carece de ella.

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SP- ¿Cómo se prepara uno un casting para hacer de Luis Roldán en una película de Alberto Rodríguez?

CS- Un día me llaman las directoras de casting, Eva Leira y Yolanda Serrano, y me ofrecen hacer una prueba para otro personaje de la película. Me lo preparo, voy esa mañana a hacerlo, salgo contento y vuelvo a casa. Esa misma tarde me llaman y me dicen que me quieren ver para otro personaje que, en este caso, es para Roldán, que es coprotagonista de la película.

SP- Nervios, supongo.

CS- Claro, la cabeza me da tres vueltas. Evidentemente, el personaje está completamente alejado de mí, tanto como persona como, principalmente, por la edad. Yo tengo 37 años y el personaje que retrata la película está cerca de los cincuenta. Una vez pasado ese momento de sorpresa inicial, me pongo a bucear, a empaparme sobre todo de la época, obviamente del personaje, del caso en sí y poco a poco, casi por ósmosis, de ver tanto material audiovisual de Luis Roldán, se me van quedando ciertos manierismos, ciertos tics del personaje. Estas cosas son las que le propongo a Alberto cuando hago la prueba. En este caso, al estar tan alejado de mí, me permitía hacer un trabajo de composición, necesitaba que tuviese una forma de hablar diferente a la mía, una gestualidad distinta, un peso, ya no sólo por la edad ni por el físico -evidentemente Luis tenía poco pelo, yo tengo un poco más, él tenía más kilos, yo unos poquitos menos, él era más grande, yo más pequeño-, sino porque necesitaba separarme y estar lo más alejado posible de mí como para mirarme al espejo antes de rodar y creerme que era todo un Director General de la Guardia Civil y un señor de cincuenta años con la trayectoria que llevaba en ese momento.

SP- ¿Y después de ese trabajo?

CS- Luego viene el trabajo bueno, el de que esa composición fuera real, no una caricatura ni un fantoche, que fuese un ser que vive, piensa, sufre, en la película es el único personaje que evoluciona, que empieza de una manera y acaba de otra, radicalmente opuesta. Empieza con esa primera imagen que le vemos como el gran Director General de la Guardia Civil y acaba metido en un coche para llevarlo preso. Vemos todo ese proceso de descomposición, de esa figura tan imponente que está en el imaginario colectivo de casi todo el mundo, hasta verlo convertido en un hombre manipulado, engañado, timado, hundido, perseguido, aislado voluntariamente. Necesitábamos contar todo esto y darle cuerpo, darle alma y verdad.

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SP- Las últimas películas de Alberto Rodríguez han sido muy valoradas por la Academia, ¿cómo ves en este momento los Goya?

CS- Son cosas en las que uno no piensa o intenta no pensar demasiado. Todos tenemos amigos que te lo dicen; hay gente que desde que me dieron el papel, no había ni empezado a rodar y me decían, te van a dar el Goya, huele a Goya. Es inevitable que los amigos, los colegas, la familia, te torturen con ese tipo de cosas pero ahora la pretensión es que el público vaya al cine, que vayan en masa, que les guste, que sea un éxito, que valoren el trabajo de Alberto Rodríguez, que es formidable, es un tesoro que tenemos que cuidar como director en este país, y que pueda hacer muchas más películas tan buenas como las que ha hecho hasta ahora.

Seguramente, si ahora le contase al Carlos Santos que estaba empezando todo lo que me está pasando, no se lo creería

SP- Tu personaje de ‘Los hombres de Paco’, Povedilla, fue uno de los que más popular te hizo, ¿qué le dirías al Carlos Santos que empezó a grabar esta serie hace más de diez años?

CS- Más que al Carlos Santos que estaba empezando en ‘Los hombres de Paco’, se lo diría al Carlos Santos que empezó a hacer teatro con quince años o que con dieciocho empezó en la escuela de Arte Dramático. En realidad, no le diría nada porque no se lo creería probablemente, si le dijera a ese Carlos, “tú vas a estar haciendo este personaje con este director, en esta pedazo de película, de proyecto, vas a estrenar en Donostia, en San Sebastián, vas a inaugurar la Sección Oficial…”. No creo que se lo pudiera decir porque me diría, “calla que tengo un examen mañana de interpretación, de verso, de cualquier cosa, déjame y no me desconcentres”. Es un sueño haber llegado hasta aquí, poder vivir de lo que me gusta, haber tenido la suerte de acceder a trabajos como este de Luis Roldán en ‘El hombre de las mil caras’. Es una oportunidad que te llega una o ninguna. Y he tenido la suerte de que me ha llegado un personaje tan bonito y un proyecto tan chulo con tan buen resultado.

SP- Esperemos que vaya genial. ¡Muchas gracias y suerte!

CS- Gracias a vosotros por este rato.