Padre fiel a sus “cachorros”, este actor catalán triunfa en el teatro con ‘La Piedra Oscura’ donde interpreta al último amante de Lorca. Además, lo podrás ver en la segunda temporada de ‘Sin Identidad’, en la tv-movie ‘Los Nuestros’ y en la esperada película de Fernando González Molina, ‘Palmeras en la nieve’.

Daniel Grao es fiel a la pequeña pantalla. Lo vimos en su primer papel protagonista en la serie ‘Acusados’, junto a Blanca Portillo, actriz que le dio su oportunidad teatral en ‘La Avería’ y que le hizo digno merecedor del Premio a Mejor Actor Secundario de la Unión de Actores. ‘Los ojos de Julia’, ‘La mula’ y ‘Fin’ están en su lista de trabajos cinematográficos. Llega puntual al Teatro María Guerrero, donde llena de emociones cada tarde las butacas de la Sala Princesa. Primero, sesión fotográfica, “Me cuesta hacerme fotos, prefiero interpretar, voy a poner música para ambientar esto”, comenta mientras posa con una mirada penetrante.

SPLUS MAGAZINE: ‘La Piedra Oscura’, ¿cómo llegó a ti el papel de Rafael?

Daniel Grao: Pues gracias a Pablo Messiez, director de la obra. Yo le tenía muchas ganas y descubrí que él a mí también, está muy bien coincidir. Vino a ver la función de ‘Emilia’ al Canal, me felicitó, pero no nos conocíamos más allá del saludo. Un día, me llamó, nos tomamos un café y me habló del proyecto muy poquito, me trajo la función, me dijo léetela y me cuentas. Me la leí esa noche, acabé a las dos de la mañana llorando como un niño. Le escribí un mail diciéndole que muchísimas gracias por pensar en mí porque desde esa lectura me sigue pareciendo un texto tan bello… Tener la oportunidad de decir esas palabras, transitar la historia cada noche es un regalazo.

SP: ¿Qué va a descubrir el público en ‘La Piedra Oscura’?

DG: Con ‘La Piedra Oscura’ el público asiste a un verdadero encuentro entre dos. El trabajo que nos propone Pablo es que ese encuentro se produzca también entre el otro actor y yo, que ataquemos el trabajo desde ahí, desde qué me está pasando hoy y no repetir lo que fue la noche anterior. La arquitectura de la función de Alberto Conejero va por dos caminos paralelos. Por un lado, la parte “thrillera” qué va a pasar en esa cuenta atrás, y por otro, en este diálogo somos testigos de confesiones, secretos, miedos. Esta función, ya te lo digo a nivel personal, tiene algo de sanadora, hacerla, verla y leerla, porque ese encuentro sólo se puede dar si los egos se resquebrajan. La función, para mí, es asistir a ese derrumbe para que aflore lo verdadero de cada uno.

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SP: ‘La Piedra Oscura’ habla de Lorca, ¿qué pérdida supuso su muerte?

DG: Inabarcable, es imposible medirlo. Creo que Lorca pertenece al imaginario y a la memoria colectiva de todos. El “bicho” del teatro me picó en el instituto de la mano de Lorca y del ‘Poeta en Nueva York’. Sólo que te pares a pensar en la edad, el motivo por el que desapareció, mucha pena. Lo mataron muy joven.

SP: Has dado vida a más de un personaje histórico o real, por ejemplo Mario Conde, ¿qué diferencia esto a la hora de prepararse un personaje?

DG: Sí, y es muy distinto también entre estos dos. ¿Quién no conoce a Mario Conde? En cambio, a Rafael Rodríguez Rapun, lo puedes conocer a nivel biográfico pero no sabemos cómo era, cómo se movía… Desde un principio, aunque la persona existió, lo tomamos como un personaje de ficción. Pero sí que nos ayuda todo, los datos son reales, los nombres, la familia, direcciones… Estuvieron en un ensayo las sobrinas de mi personaje y fue muy emocionante. Estaban tan emocionadas y agradecidas, me dieron un abrazo y lo sentí como una bendición. Si ellas reaccionan así, está todo bien. Después, con Mario Conde, en el trabajo había un plus. No hablábamos de una imitación pero sí había un trabajo de mirada, intentar descubrir cómo funciona su cabeza y que salga una actitud.

Mi primer contacto con el teatro fue en el instituto, época sombría en lo personal y bastante perdido como estudiante y como persona.

SP: Dices en tu web que nunca pensaste dedicarte a la interpretación como profesión, ¿cuándo dijiste “esto es lo mío”?

DG: La primera vez que contacto fue en el instituto, época sombría en lo personal y bastante perdido como estudiante y como persona. Conozco a Jesús Alonso, un profesor de literatura, y me fascinaban sus clases. Comentábamos a Lorca y a otros autores, él tenía un grupo de teatro, ‘La Mandrágora’, donde empezamos a preparar las primeras cosas a nivel amateur. Pero ahí ni por asomo me había planteado ser actor. Después, se agudiza la parte sombría que te digo, como estudiante no sabía qué hacer y probé a dar clases de esto. Y fue, de repente, como terapéutico, toda esa sombra era valiosa, todo lo negativo que quería quitarme de en medio era oro, era maravilloso para crear y trabajar. Los dos primeros años lo gocé sin plantearme nada. Luego me salió una prueba, un primer capítulo y empecé a contactar con la parte laboral.

SP: ‘Sin Identidad’, ¿qué cosas podremos descubrir de tu personaje, Juan Prados, en esta segunda temporada?

DG: La segunda temporada empieza doce años más tarde. La primera acaba, para ojos nuestros, con la muerte de María. Ha pasado el tiempo, cada uno ha rehecho su vida y vuelve ella con intención de vengarse. Por la parte que me toca, es muy interesante como actor porque ese personaje tan blanco, tan idealista, que fue muy bonito de hacer, aparece casi en el opuesto. Está trabajando para el malo y se va a casar con una niña acomodada. Entendemos que él, en esos años, tuvo problemas con el alcohol que pasaron, a priori. Parece que va a tirar para adelante, está mejor posicionado económicamente y todo ese altruismo se ha ido un poco al garete. Su lucha no fue bien y tuvo esa gran pérdida, ahora piensa en él y ante eso, aparece María y se tambalea todo.

Recuerdo que en la primera secuencia de ‘Sin Identidad’ entré en crisis. Hablando con el director le dije: “no entiendo nada”.

SP: En ‘Sin Identidad’ jugáis con muchos saltos en el tiempo, ¿cómo es trabajar un personaje a lo largo de veinte años de existencia?

DG: El recorrido es largo y no. A veces ni siquiera sabemos que va a ser de nosotros, ni en qué estarán trabajando los guionistas. De hecho, para mí ha sido muy sorprendente. Recuerdo que en la primera secuencia que tuve entré en crisis. Hablando con el director, le dije: “no entiendo nada”. Luego ya lo he ido entendiendo, cuando te cuentan el arco que va a haber y cómo se va a explicar… Se va a jugar con eso, con que el espectador diga pero “¿y esto?”.

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SP: Eres un actor que no para, ¿qué crees que ven los directores en ti para ser una apuesta segura?

DG: ¡Qué bonito ahora que lo dices así! No lo sé, amo mi trabajo y soy muy fácil. Yo creo que eso debe ser una buena combinación de cara a los directores, habría que preguntarles a ellos, ¿no? Me apasiona mi trabajo y vivo los rodajes y los ensayos con mucha apetencia, con muchas ganas y de manera fácil.

SP: Te hemos podido ver sobre todo en personajes dramáticos o atormentados, ¿te apetece hacer comedia?

DG: ¡Por favor! Y me supone un reto también porque como apenas he hecho (o sin apenas). Siempre hay muchas intensidades, mucho drama y mucha profundidad. Supongo que es proponérselo, aunque también los proyectos te buscan a ti. Está pendiente, sobre todo como reto. Admiro muchísimo a los que dominan esa cuerda.

SP: Como actor, ¿qué te gustaría que el público descubriese de ti?

DG: El otro día me dijeron una frase y creo que tienen razón. Me dijeron: “En La Piedra te han dado más lugar”. A veces, el personaje o la historia te obligan a estar en un color que ya te lo han pedido otras veces y, aunque hay sutilezas y uno quiera darle algo especial, no es tan distinto. Pero aquí, no tanto por decir: “¡qué distinto!” sino porque hay una profundidad que va más allá. Tiene que ver con el personaje, lo que atraviesa y dice, que es muy bello y muy hondo. Además, la dirección de Pablo es muy generosa y aprovecha quien eres tú, el cuerpo y el instrumento que tiene delante, que lo llenes mucho de ti, de lo más profundo y lo más honesto, el tú más verdadero. En ese sentido, sí que siento que está muy teñido de mí, que se me ha dado lugar y eso le da sinceridad al personaje y a la historia.

SP: Ganaste el Premio de la Unión de Actores a Mejor Actor Secundario por ‘La Avería’, ¿por qué crees que tus compañeros te dieron ese galardón?

DG: Me sorprendió todo, desde que Blanca Portillo me llamase. Yo sólo había hecho una obra en un teatro alternativo y después vino ‘La Avería’. Luego pensándolo, fue una obra que llamó mucho la atención y mi trabajo era más expresionista, eso pudo sorprender. Sobre todo porque en lo que se me había visto en televisión era más de contención, lo que suele ser mi línea. Y de pronto, ‘La Avería’ te obligaba a transitar de eso al esperpento, el show musical, las máscaras, el trabajo de cuerpo, ese anciano de 95 años que rejuvenece… Si lo hubiese pensado en el momento no sé si me hubiese atrevido pero cuando Blanca te lo cuenta con los ojos iluminados y esa pasión, dices sí a todo. Y luego, fue muy generosa como productora, cuatro meses ensayando, mes y medio sólo para trabajo de cuerpo y voz y encontrando nuestro viejo. Fue un proceso muy agradecido.

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SP: Te podemos ver en muchos trabajos televisivos, ¿qué hechas en falta en la ficción televisiva española?

DG: Si me pongo a soñar, me encantaría poder ser más radicales y si hacemos una de vampiros, pues de vampiros sin miramientos, o del espacio… ¿sabes? Pero entiendo que no somos trescientos millones de habitantes y que si hacemos algo minoritario, dejan de salir los números. La gente se llena la boca con series americanas buenísimas que luego allí no son las más populares, pero es que eso allí significa quince o veinte millones de personas y les sigue interesando. Eso no lo tenemos aquí. Lo que siempre me pregunto: “¿No se puede hacer más con el mundo de Latinoamérica?” Compartimos un idioma, muchos millones de personas y quizá culturalmente nos sentimos alejados y la realidad de aquí no es la de allá, no lo sé, pero igual se le puede sacar más partido.

SP: Además de la interpretación, ¿qué otras inquietudes tienes en tu vida?

DG: Pues no sé muy bien qué contestarte porque llevo ya unos años que entre el trabajo y mis cachorros, mis hijos, no me da para mucho más, que no es poco. La paternidad es otra dimensión, es toda una aventura y un regalo de vida para uno como persona y como actor. Esos son mis dos grandes tótems.

SP: En un tweet tuyo dijiste, “Tengo un sueño… (a ver si se me cumple)”, no te pido que me digas cual es pero, ¿con qué sueña Daniel Grao?

DG: Te lo diré en unos días porque está cumpliéndose, es una cosita que posiblemente haga y llevaba mucho tiempo soñándolo. A nivel general, cuando uno va a verbalizar los sueños, en realidad son objetivos. El fin es intentar estar bien y seguir realizándose a todos los niveles que uno pueda. Siento mucha gratitud por mi vida. Mi sueño sería no olvidarme de eso.

SP: Pues esperemos que se cumpla, y que nos lo cuentes. Muchas gracias, Daniel.

DG: Muchas gracias a vosotros. Un placer.