La moda ha sido desde sus orígenes el signo de distinción de las clases sociales y de las tradiciones de cada rincón del planeta. Ahora nos parece incongruente pensar que hace un tiempo la moda no estuviera universalizada, pero esa es la realidad. Lo cotidiano era que cada sociedad, cada Estado siguiera unas tendencias determinadas que estaban arraigadas a su cultura. Entonces se hablaba de moda francesa, italiana o británica. Consecuencia de la globalización la moda se unió al carro de lo internacionalizado y lo que caracterizaba a cada población pasó a normalizarse en torno a un gran monstruo que puntualizaba los dictámenes del vestir.

La Historia de la Moda demuestra que este mundo lleva implícito la evolución como medio de vida, de ahí que la Alta Costura, que nació a mediados del diecinueve, dejara paso en los sesenta al prêt-à-porter. No todos los bolsillos podían acceder en el siglo XX a vestir siguiendo unos patrones de buen gusto, motivo que llevó a las grandes Maison a lanzar nuevas líneas, nuevas marcas fabricadas en cadena y a menor precio. Ese fue el agigantado paso que permitió que muchos de nosotros a día de hoy podamos disfrutar de la moda sin la necesidad de pertenecer a la élite económica.

A pesar de esta democratización del vestir, el prêt-à-porter bebe de las tendencias que marcan los gigantes empresariales –Chanel, Dior, Yves Saint Lauren, Valentino…-, de ahí que podamos ver como diferentes firmas de segundo nivel se basan en las propuestas que estas tradicionales casas de moda lanzan cada temporada. Pero la moda es inquieta y desde los años noventa comienza con una nueva técnica que funciona: los clones.

En la última década los clones nos permiten hacernos con una réplica de esos zapatos o de ese vestido con el que soñamos y que no nos podemos permitir. Estas copias han llegado a la vida del ser humano para cumplir nuestros deseos más ambiciosos sin quedarnos en el intento. Pero, ¿hasta qué punto es lícito clonar, con pequeñas modificaciones, una creación de autor? La moralidad no mueve ficha en esta partida y empresas como Inditex, H&M o Mango no se reprimen a la hora de rediseñar prendas, zapatos o accesorios. El respeto que debiera existir entre las grandes firmas y el más puro prêt-à-porter desaparece por instantes. Lo que fuera inspiración ha dado paso a copia barata y esto puede abrir una nueva brecha en la industria textil que no sabemos si le hará ampliar miras o, por el contrario, le forzará al retroceso.

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