En la Norteamérica del siglo XVIII se produjo la primera rebelión liberal de la historia. Al mismo tiempo nacía por oposición al whisky uno de los símbolos de los Estados Unidos.

Los campos de maíz y tabaco del Estado de Kentucky, al noreste de Estados Unidos, recibieron a los colonos británicos a principios del s.XVII. Menos de dos siglos fueron suficientes para que los imperialistas ingleses se posicionaran en contra de su metrópoli y llevaran a cabo la primera revolución liberal de la Edad Contemporánea.

Y si una guerra necesita de ideas, armas y soldados, también precisa de símbolos. Si algo unía a los colonos en tierra norteamericas y a los británicos era la pasión por una bebida alcohólica de origen desconocido pero con un carácter que había acompañado casi imperceptiblemente a los hombres de la isla de Gran Bretaña durante cientos de años: el whisky.

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La guerra de la independencia de las 13 colonias británicas en América mostraba la realidad de un nuevo paradigma: República frente a Monarquía, rechazo de las colonias a ser controladas por un reino a miles de kilómetros o la supresión de tributos abusivos en estos territorios eran algunas de las peticiones de una nueva forma de pensar. El whisky era algo que permanecía en la cultura de ambas sociedades. Pero había que mezclar esa tradición, que unía a imperio con sus colonias, con algo que diferenciara a la bebida que se hacía en las islas y en América. De tal manera nace el bourbon como un símbolo de las colonias. Es fácil imaginar a revolucionarios como Thomas Jefferson, Benjamin Franklin o Thomas Paine bebiendo whisky y trazando estrategias para derrotar al ejército británico al mismo tiempo que recordaban con nostalgia la tierra de la que provenían. Y qué mejor que hacerlo con el bourbon, tan tradicional como original, que se desprende de su padre, el whisky. Un auténtico símbolo de aquello que perseguían los colonos.

Los colonos ingleses usaban nombres provenientes de Europa para acuñar los terrenos que iban encontrando en Norteamérica. Al actual Estado de Kentucky le tocó ser bautizada como Condado de Bourbon, en honor a la Familia Real francesa, estirpe de la corona real española.

Un nacimiento casual. La bebida bourbon tiene relación con el rey de España. No tracen la línea más directa y fácil para explicárselo. La realidad es que los colonos ingleses usaban nombres provenientes de Europa para acuñar los terrenos que iban encontrando en Norteamérica. Al actual Estado de Kentucky le tocó ser bautizada como Condado de Bourbon, en honor a la Familia Real francesa, estirpe de la corona real española.
En aquellos campos de Bourbon, el maíz se dibujaba a lo largo y ancho del territorio. Los nuevos pobladores fundaron Fort Harrod en 1774, que actualmente se denomina Harrodsburg, y comenzaron a plantar maíz consiguiendo una gran producción.

Tanta, que obtuvieron excedentes que utilizaron para crear una nueva manera de destilar el viejo whisky. De esa manera comenzaron a usar maíz para elaborar el nuevo whisky estadounidense. La necesidad dejó paso a la tradición y hoy en día el whisky norteamericano bourbon tiene algunas reglas fundamentales y otras recomendaciones según la ley estadounidense:

1. Tiene la obligación de ser elaborado a base de maíz por lo menos en una concentración entre el 50% y, generalmente, al 70%.

2. Para ser considerado bourbon, tiene que estar hecho en suelo norteamericano, aunque no es necesario proceder del antiguo condado de Bourbon.

3. Su periodo de envejecimiento suele ser de cinco años en barricas de roble que pueden ser nuevas o tostadas. Debe ser ligeramente aromático y con sabor acaramelado.

4. Otros productos que pueden ser utilizados para su elaboración son el trigo, el centeno o la cebada malteada.

5. También hay diferencias ortográficas: se escribe whiskey en inglés americano y whisky en inglés británico.

La existencia de estas reglas crea la denominación de origen Bourbon, en la cual no se encuentra, al contrario de la opinión general, el whisky más famoso de Estados Unidos, Jack Daniel´s, porque no tiene al maíz como su elemento fundamental. De hecho en su etiqueta no aparece en ningún momento la palabra bourbon. Por el contrario, son bourbons Jim Beam White, Maker´s Mark o Early Times.

Un origen incierto. Cuando bebemos whisky tomamos agua de vida. El nombre proviene del gaélico escocés e irlandés, zonas donde fue nombrado en el siglo XV por primera vez la bebida, a pesar de que podría existir cientos de años antes, con un origen desconocido. Los primeros destiladores documentados fueron los monjes irlandeses. Esta es la versión más aceptada, pero otros investigadores sitúan la procedencia del whisky en China, donde se pudo usar como medicamento contra la peste bubónica.

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Pero fueron los habitantes escoceses quienes perfeccionaron el proceso de la destilación –mezclar agua con cebada y dejar fermentar al menos dos años–, para acabar imponiendo el whisky como un símbolo más que como una bebida, y a la denominación de origen escocesa como la más apreciada mundialmente. Tipos de whisky hay muchos, y sus reglas de elaboración parecen sacadas de un brebaje mágico. Por ejemplo, el whisky escocés debe ser destilado dos o tres veces en una compañía escocesa con un grado de 94,8 grados de alcohol por volumen. También debe envejecer en Escocia no menos de 3 años, en barricas de roble que antes hayan contenido bourbon con una capacidad no superior a 700 litros, y no pueden contener otras sustancias que no sean agua o caramelo como colorante ni ser embotellado con menos de 40 grados de alcohol por volumen. No parece recomendable intentar fabricarlo en casa.

El whisky ha acabado por configurarse como un estilo de vida a través del cine y la literatura. ¿Qué sería de Mad Men sin sus inacabables botellas de whisky? ¿O de Bukowsky sin su adicción a la bebida? La moderación debe ser la forma con la que dejarse llevar por cualquier tipo de alcohol, pero puestos a disfrutar de un acompañante en nuestro vaso qué mejor elección que esta complicada, histórica e idolatrada bebida.