Según algunos expertos, la comunicación digital puede alterar o simplificar el desarrollo del pensamiento y de las ideas complejas. Pero, ¿es eso cierto? Dejemos de poner el grito en el cielo por las nuevas expresiones de los adolescentes e intentemos analizar el porqué de las mismas.

La comunicación digital puede alterar o simplificar el desarrollo del pensamiento y de ideas complejas. Este lenguaje digital utiliza abreviaturas, emoticonos, neologismos y un sinfín de extranjerismos que se adaptan rápidamente a la evolución de las nuevas tecnologías, en ocasiones, cubriendo la necesidad de una nueva terminología ante nuevos contextos y herramientas digitales y, en otras, reforzando el sentimiento de identidad y pertenencia a una generación: la generación digital.

La mayoría de este vocabulario desaparece tan rápido como vino, es fluctuante y se rige por modas. Nunca sustituirá al lenguaje tal y como lo conocemos, en cualquier caso, lo enriquecerá, ya que pone nombre a la nueva era digital.

El “problema” de esta forma de comunicarse es establecer en qué contextos debe ser utilizada y no traspasarla de los medios digitales o de entornos coloquiales al ámbito formal. Además, siempre hubo quien supo hablar y quien no.

Pero, ¿ha mermado la capacidad de expresión en los adolescentes debido a la falta de vocabulario? Probablemente la falta de vocabulario de nuestros jóvenes no se deba al lenguaje digital, la causa de este hipotético empobrecimiento que algunos expertos señalan se debe al nivel educativo, a los pocos lectores juveniles que tenemos y a la falta de comunicación oral en la sociedad; la búsqueda de una conversación larga y tendida donde se motive al adolescente a que reflexione y extraiga sus propias conclusiones y se vea obligado a expresar sentimientos requerirían por su parte un mayor vocabulario. Sin necesidad, no hay esfuerzo.

refugeeair_hashtag_cmyk_4Por otro lado, no debemos olvidar que la variación del lenguaje en manos de los jóvenes no es algo novedoso, siempre se ha utilizado un lenguaje distinto en la adolescencia como un signo de identidad propia, el “alucinas pepinillos” de nuestros padres ahora se dice “LOL”.

Así que no cometas un epicfail y jamás intentes imitarlos. ¿O no recuerdas lo bochornoso que podría llegar a ser escuchar a tu padre intentando “hacerse el enrollao” delante de tus amigos?
Os quiero mil.