Las series de televisión suelen causar polémica, ya sea por la calidad de su producción o por sus contenidos. Y, por su puesto, todas aquellas que tienen temáticas relacionadas con el narcotráfico no son la excepción, incluso llegan a ser tendencia en las redes sociales y a imponerse en lo más alto de los índices de audiencias.

Tal es su facilidad para penetrar en el imaginario de casi todas las sociedades donde se emiten que, por ejemplo, prácticamente no hay persona en España que no haya visto algún capítulo de ‘Narcos’ o por lo menos sepa algo de su contenido: una versión sobre la vida del narcotraficante y terrorista colombiano Pablo Escobar.
Incluso, tan solo haciendo una rápida búsqueda en Twitter, se pueden encontrar casos de bares de copas en países tan lejanos como Australia donde sus jóvenes dueños bautizaron el lugar con el nombre del capo colombiano para atraer mucho más la atención de potenciales clientes. ¡Y lo lograron con ‘Pablo Honey’!

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“No son pocos los adolescentes que tras ver ‘Narcos’, o las chicas que no se perdieron capítulo alguno de ‘Sin tetas no hay paraíso’, entre muchas otras producciones similares, sienten que el camino más sencillo para ganar dinero es la ilegalidad”

Y por aquí cerca, en la tradicional Puerta del Sol, en Madrid, un golpe de ingenio llevó a los publicistas de Netflix (el calificativo de ‘golpe de ingenio’ es de algunos usuarios de redes) a instalar un inmenso cartel –valga aclarar que cartel publicitario– promocionado la serie ‘Narcos’ con un provocador mensaje: ‘Oh, blanca Navidad’. Ese adjetivo de “blanca” era una referencia explícita a la cocaína, ese producto nocivo e ilegal que a Escobar le valió en los años 90 el apelativo del narcotraficante más buscado del mundo y, por qué no, también del criminal más rico. ¿Ejemplo a seguir?

El Gobierno de Colombia, en diciembre pasado, pidió desmontar el cartel y el presidente del país suramericano, Juan Manuel Santos, reiteró que “el recuerdo de Pablo Escobar nos duele”. Y no es para menos, la cultura del dinero fácil y el estereotipo de mujeres voluptuosas que anteponen el cuerpo a otra forma de ganarse la vida quedó marcado en la sociedad colombiana y con este tipo de series trascendió fronteras.

La reconocida periodista colombiana Pilar Calderón, quien como parte de su oficio conoció de cerca el terror que se deriva del narcotráfico, le dijo a SPLUS que estas series “sirven para que generaciones que no vivieron esas épocas sepan lo que pasó”, pero dejó claro que “a Colombia le han hecho un daño enorme, porque todo el mundo piensa que los colombianos somos iguales a los que aparecen en ellas”.

La responsabilidad de cómo se actúe en la vida real es de quien toma la decisión, no de un simple programa

“Si bien eso no es suficiente para decirles a los productores que tienen que prohibirlas, son circunstancias y hechos que se deben analizar con las consecuencias que tienen. Este tipo de series sí nos están dejando hacia fuera como un país donde la cultura narco ha predominado”, precisa Calderón. Esta postura contrasta con la de dos jóvenes andaluces, Carlos y Andrés (nombres que fueron cambiados por petición expresa de los consultados para este artículo), quienes ven a Pablo Escobar como una persona que “ayuda a los más pobres y nos muestra un camino diferente para conseguir dinero en medio de la crisis que vive España”. En democracia todos podemos decir lo que queramos siempre y cuando no agredamos o dañemos a los demás.

Es indiscutible que la mayoría de estas producciones son buenas, la calidad de los actores queda marcada en los televidentes y los guiones, a pesar de la manipulación de la realidad, son piezas que merecen ser aplaudidas. Al final, la responsabilidad de cómo se actúe en la vida real es de quien toma la decisión, no de un simple programa.

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Felipe Morales, editor web de El Espectador –diario colombiano que sufrió directamente el terror de Pablo Escobar–, es enfático al ser preguntado por SPLUS sobre el tema: “Son series que le hacen mucho daño a Colombia, porque generan imágenes deformadas de lo que en verdad es el país. El resultado ha sido muy nocivo”.Este periodista considera que el objetivo principal de los productores de este tipo de series es el rating y, a juzgar por los resultados, lo han conseguido con creces a costa de “promover la cultura mafiosa en países de pocas oportunidades y con bajos niveles educativos en los que tienen éxito”.

Internet, las redes sociales, el cine y la televisión –claro que ahora todo se puede consumir por un solo medio, ya sea el ordenador o el móvil– dan la opción de escoger los productos que queremos, pero también es cierto que si hay una mayoría en torno a algo es muy tentador seguir esa mayoría, independiente de lo que sea.
Es más, mientras tú lees este texto o incluso discutes su contenido en Twitter o Facebook, o simplemente pasas la página porque te parece aburridor y hasta pesado, hay muchos usuarios de Netflix viendo ‘Narcos’ o cualquier otra serie sobre narcotráfico. Si esa producción reflejara a tu país, ¿también la verías con ojos de simple espectador?
La respuesta a esa pregunta no es sencilla, pero si quieres intentamos buscarle alguna. Como dice Jorge Enrique Meléndez, subeditor de política de El Tiempo (el principal periódico colombiano), “estas series reflejan a tipos que consiguen dinero y cosas de forma fácil, algo a lo que muchas veces una persona corriente no puede acceder, y eso atrae”.

Ahora bien, mientras te motivas a compartir este texto y discutir sobre su contenido, finalmente eres tú quien decide lo que quieres hacer, permíteme preguntarte: ¿Te atrae el dinero fácil así tenga una procedencia ilegal?