Decenas de mercadillos dan colorido a las ciudades alemanas en navidad. Este viaje en barco por el Rhin y el Mosela nos adentra en las tradiciones bábaras más detallistas.

Es imposible escoger un único rincón de Europa para visitar en invierno. Pero si tuviéramos que quedarnos con algún destino al que escaparnos, la originalidad de un estupendo crucero fluvial para descubrir algunos de los mejores mercadillos navideños seguro que estaría entre ellos. ¿Te apuntas a descubrir el origen de encantadores puestos callejeros surcando las aguas del Rhin y el Mosela?

Si la respuesta es afirmativa y tienes gana de partir, es momento de hacer la maleta y disfrutar de la experiencia…El barco nos espera en Coblenza –también conocida como el rincón alemán–, una de las ciudades más hermosas, antiguas y con más historia de Alemania. Su figura, casi inolvidable, se alza majestuosa dividiendo nuestros ríos protagonistas.

Una vez acomodados en nuestro camarote dispondremos de tiempo suficiente para dejarnos hipnotizar por el encanto de sus estrechas callejuelas, sus románticos rincones o sus acogedoras placitas repletas de puestos de madera decorados con una seductora oferta de artesanía artística y delicadezas culinarias. Es recomendable, además, dar un romántico paseo en carruaje y deleitarnos con la música de fondo de los conciertos gospel y corales que tienen lugar en la plaza del ayuntamiento.

Por supuesto, también debemos guardar espacio en nuestra agenda para disfrutar de su maravillosa gastronomía. En Coblenza existe una gran oferta de restaurantes en los que degustar tanto comida regional como internacional. Uno de los lugares más populares para comer, beber y conocer gente es Koblenz, justo en los alrededores del conocido Hamm Hotel Koblenz.

Aunque si tuviéramos que destacar un lugar realmente especial donde la cocina creativa case a la perfección con la local, ese es el restaurante Historischer Weinkeller. Melanie Scharpmann hará las veces de anfitriona y nos indicará el camino que nos conducirá a un pequeño tesoro escondido: el hogar de los mejores vinos de la zona. Delicias gastronómicas y un toque de historia de la ciudad. No puede existir lugar más apropiado para un almuerzo o cena que una bodega con más de 13 siglos de historia dispuesta en pequeñas habitaciones donde se combina sin ningún tipo de pudor el mobiliario más antiguo con el más moderno.

Un momento especial –de esos que recordaremos con una gran sonrisa– para disfrutar en pareja o con amigos y degustar los mejores productos locales y de temporada maridados con los mejores vinos nacionales e internacionales.

De vuelta al barco, todo se dispone para  disfrutar de una gran velada de bienvenida. Es momento de comenzar una agradable travesía con rumbo a la pequeña ciudad de Cochem, situada en la falda de una colina y coronada por un castillo feudal, el Reichsburg. En esta época  el centro se viste de gala para invitarnos a  descubrir la gama de aromas que emanan de los puestos de comidas, bebidas y dulces. Pequeños espacios decorados con esmero nos ofrecen todo tipo de adornos, belenes, juguetes y regalos artesanales…Casi seguro que nos dejamos tentar.

Seguimos en ruta. ¿Próximo destino? La histórica ciudad de Boppard. En cuanto pongamos un pie en esta tierra sucumbiremos al instante ante el embrujo de 2000 años de historia. En esta época sus edificios se iluminan con miles y miles de lucecitas, mientras el aroma a galletas de jengibre flota en el aire. Su mercadillo navideño se ubica en calles medievales, reflejo de miles de años de historia, y ofrecen una gran variedad de adornos, especias, vino, cocina de la región y, por supuesto, artesanía tradicional como juguetes de madera o velas.

Termina nuestra visita en Boppard y ponemos rumbo hacía Rüdesheim. Durante la travesía surcaremos las aguas de tierras de sagas y leyendas, seguiremos los pasos de Loreley, los caballeros y sus poderosos castillos, que se erigen orgullosos testigos de un pasado repleto de mil y una aventura.

 Su mercadillo navideño se ubica en calles medievales, reflejo de miles de años de historia, y ofrecen una gran variedad de adornos, especias, vino, cocina de la región y, por supuesto, artesanía tradicional como juguetes de madera o velas. 

 

Ya en el puerto de Rüdesheim, nos espera una encantadora localidad caracterizada por su singular estilo arquitectónico y sus tradiciones. Una vez iniciada la visita, posiblemente, lo que más sorprenderá son sus típicas fachadas alemanas y sus angostas calles inundadas de luces, adornos y personajes disfrazados. Pero si algo puede llamarnos la atención es su peculiar mercado, llamado el Mercado de Navidad de las Naciones Unidas. Es aquí donde podremos descubrir la navidad de 12 naciones diferentes, representadas en 120 puestos repartidos por el casco antiguo de la ciudad. Mimetizado con el paisaje, en la Plaza del Mercado encontrar el mayor Belén de Alemania con figuras de tamaño natural. Para los que aún conservan algo de  espíritu de Peter  Pann están de enhorabuena. Disfrutarán como ‘peques’ en  el Mercado de Navidad de los Niños, hecho por niños para niños.

En Rüdesheim no podemos dejar pasar la oportunidad de hacer una pequeña parada en una de las pocas tabernas de la ciudad que ostenta el calificativo de histórica. Zum Roten Ochse se construyó en 1703 y entre otros fue visitado por Marilyn Monroe y John Wayne. Una de sus mayores características es su agradable ambiente, que podría compararse a un museo de tiempo libre estudiantil. Pero si lo que nos apetece es algo más relajado para reponer fuerzas, un maravilloso y pequeño jardín nos espera en el Café Shafheutle. Su selecta confitería y su ambiente de cafetería tradicional harán las delicias de los paladares más exigentes.

Nuestra aventura casi toca a su fin, pero lo mejor aún se encuentra por llegar. El barco se engalana. Respiramos ambiente navideño en cada uno de sus camarotes. Todo esta preparado para pasarlo en grande: noche temática, villancicos en vivo, cena de gala, shows. Todo en orden para que el tiempo se detenga y el presente sea lo único importante.

En esta nube de placer, llegamos a nuestro último puerto: Mannheim. Desde aquí nos trasladamos a Heidelberg. Para los más noveleros este será el mercado navideño ideal. Su casco antiguo deslumbra con un romántico encanto navideño, con un pintoresco decorado de fondo del Palacio. Por su parte, los amantes de la música podrán disfrutar de Christmas on Ice en la Pltaza Klaspatz mientras degustan el tradicional vino caliente Glühwein. ¿Te apetece? Pues venga, aún queda tiempo…