Radiante y cosmopolita, salpicada por el mágico aroma de las ciudades entregadas al mar, Santander extiende sus alas, se estira y se alarga, hasta romper entre acantilados su más hermosa extremidad: 24 hectáreas de paraíso natural que conforman la Península de la Magdalena, lugar de veraneo para príncipes y princesas.

Huyamos del coche y sumerjámonos en los sorprendentes rincones de Santander. Para los meses de febrero y marzo os proponemos un fin de semana de largos paseos por amplias calles y avenidas y de paisajes de bahía con hermosas vistas al mar. Tres son las rutas que nos mostrarán los encantos de una ciudad fácil de ver pero difícil de olvidar.

Mirando hacia el mar.

Este itinerario comienza junto a la catedral de Santander, justo al lado del edificio Correos. Tras atravesar los Jardines de Pereda y visitar el monumento a su creador, continuaremos nuestro camino hasta el palacete del Embarcadero, donde podremos coger una lancha que nos llevará hasta Pedreña y Somo. Desde allí, disfrutaremos de unas increíbles vistas de Santander, el Palacio de la Magdalena y el faro de Cabo Mayor. De regreso a la ciudad, continuaremos nuestro camino hacia el Club Marítimo y Puertochico, pasando antes por el monumento a los Raqueros. Al llegar a Castelar, subiremos por la cuesta del Gas hasta el paseo de Reina Victoria. Desde aquí podremos admirar la bahía santanderina, la Cordillera Cantábrica e incluso los Picos de Europa en días muy despejados. Tras pasar por la bajada de la playa de los Peligros, veremos aparecer ante nuestros ojos la Península de la Magdalena. Justo en el centro de la Avenida de Reina Victoria encontraremos el monumento a Jorge Sepúlveda, escultura mirando al mar que hace honor a la canción.

Mención aparte merece la Península de la Magdalena, parada obligatoria a la que vale la pena dedicar gran parte del día para apreciar cada detalle y cada rincón del que es sin duda el parque más emblemático de la ciudad.

Ruta de príncipes y princesas.

Mención aparte merece la Península de la Magdalena, parada obligatoria a la que vale la pena dedicar gran parte del día para apreciar cada detalle y cada rincón del que es sin duda el parque más emblemático de la ciudad. Una vez dentro de este paraíso natural, nos dirigiremos hacia la izquierda para recorrer el mini-zoo, lugar desde donde, además de disfrutar de los patos, pingüinos y focas que allí viven, podremos contemplar una vista privilegiada de la playa del Camello y el Sardinero. Justo al lado, descubriremos los galeones que Vital Alsar empleó en su viaje emulando a Colón. A continuación, subiremos por una empinada cuesta hasta llegar al Palacio de la Magdalena, regalo de la ciudad al rey Alfonso XIII, que se transformaría con los años en lugar de veraneo de la corte entre 1913 y 1930. Actualmente es sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Desde este punto, una espectacular panorámica de la isla de Mouro, los acantilados de la costa de Ribamontán al Mar y el faro se abrirá ante nuestros ojos para deleite de todos los sentidos. Descendiendo por los caminos que se sitúan justo enfrente de la fachada principal del palacio, llegaremos hasta las Caballerizas Reales, el monumento a Félix Rodríguez de la Fuente y la playa de Bikinis. Justo al lado se encuentra la campa de la Magdalena, donde en verano se realizan todo tipo de actividades, desde el concurso de hípica hasta los conciertos de la semana grande santanderina. Para aquellos que quieran realizar una visita guiada del parque, a la entrada del mismo pueden comprar entradas para el tren turístico, más conocido en la ciudad como “El Magdaleno”.

La senda de los acantilados.

Esta ruta discurre por una senda habilitada por toda la costa y los acantilados de Cabo Mayor y Cabo Menor. Comenzamos en el Hotel Chiqui, en la plaza donde se ubica el monumento al guerrero cántabro y desde la cual se obtienen unas excelentes vistas del Sardinero. Una vez aquí nos dirigiremos hasta unas escaleras que nos llevarán a la senda peatonal del faro. Toparemos casi de inmediato con la playa de los Molinucos para seguir, a continuación, bordeando el parque de Mataleñas y su campo de golf hasta llegar a Cabo Menor. Desde este punto podremos observar el conjunto de acantilados y el faro de Cabo Mayor. Continuaremos andando hasta llegar a la playa de Mataleñas, donde desde un mirador podremos contemplar unas fabulosas vistas al Cabo Menor, el Sardinero, la Península de la Magdalena, Mouro y los acantilados de la costa de Ribamontán al Mar. A continuación, subiremos hasta el faro, para visitar el museo que alberga en su interior y tomar un refresco en el bar que hay justo al lado.

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